A ellas mis tristezas y mis noches en vela,
mis alegrías y mis sueños placenteros.
A ellas los suspiros de Pablo por Marianela
y mis tardes a solas sin Platero.
A ellas mis nostalgias y mis andares lentos,
mis olvidos momentáneos y mis rápidas corridas.
A ellas, porque sin ellas no podría escribir en estos momentos,
a ellas por todas las Odiseas vividas.
A ellas todas esas doce de la noche abrazando dos botellas,
todos esos culos de vaso, todas las mañanas de solitario frío.
A ellas porque nunca las encuentro más bellas
y a ellas porque sin ellas ya no tiene sentido si sonrío.
A ellas mis etílicos de las ocho de la tarde.
A ellas mi ansiada muerte temprana.
A ellas gracias porque cuando las veo mi corazón arde,
y así encuentro respuesta a la pregunta de si merecerá la pena vivir mañana.
A ellas pelirrojas que con sus cabellos mis sábanas incendian.
A ellas rubias que con su inocencia mi alma empañan.
A ellas morenas que con su mirada me cautivan.
A ellas tus recuerdos que, por culpa de ellas, jamás volverán,
mi todo y mi nada, pues mañana fingiré que todavía están.
A ellas melancolías y llantos como a las putas tristes de García Márquez
y a tí cartas de amor incendiadas que intento salvar con las últimas lágrimas que me dejaste.