La primera gota de lluvia de mar del otoño
cae sobre el carmín de tus labios rojos, rotos,
sangrantes de mordiscos de un amor falso,
inundándolos con lágrimas de ausencia.
Y al beso saben dulces,
desconsoladas,
que nacen entre tus pechos.
Y a la primera la siguen otras tantas
empapando tu cuello, que se funde con el cauce del río.
Y se ablandan las cortezas de los árboles,
impregnando el olor a muerte en el ambiente
que suelta un llanto desconsolado
en forma de hojas marrones que conquistan el suelo
a tu alrededor.
Y se enredan en tus cabellos
mientras observas mi lápida
con un "nada" escrito en ella.
Y es una lástima...
una lástima que no haya escritor
para dedicarle un poema
a tu último otoño.