lunes, 2 de noviembre de 2015

"Poema a tu último otoño"

La primera gota de lluvia de mar del otoño
cae sobre el carmín de tus labios rojos, rotos,
sangrantes de mordiscos de un amor falso,
inundándolos con lágrimas de ausencia.
Y al beso saben dulces,
desconsoladas,
que nacen entre tus pechos.
Y a la primera la siguen otras tantas
empapando tu cuello, que se funde con el cauce del río.
Y se ablandan las cortezas de los árboles,
impregnando el olor a muerte en el ambiente
que suelta un llanto desconsolado
en forma de hojas marrones que conquistan el suelo
a tu alrededor.
Y se enredan en tus cabellos
mientras observas mi lápida
con un "nada" escrito en ella.
Y es una lástima...
una lástima que no haya escritor
para dedicarle un poema
a tu último otoño.

viernes, 23 de octubre de 2015

Sombras

Cuando camino solo por la calle
pero estoy rodeado de gente,
cuando todos corren de un lado para otro
despavoridos,
asustados
en sus vidas sin color,
bajo la opresión de un grupo que ni siquiera existe
y les dicen qué pensar, qué decir, qué no gritar...

Cuando estoy escondido tras una puerta cerrada
discutiendo intensamente,
pretendiendo persuadir a aquel al que no se puede convencer.
Y estoy solo, en mala compañía,
abriéndome la cabeza contra la pared
para alimentar a esa alimaña que bebe de mi sangre.

Cuando estoy seco y tu manantial se presenta ante mis ojos
en forma de pluma inyectada en mis arterias
y sediento, mato mi sed con tinta malgastada ensuciando este papel.

Cuando sexo sin amor abraza mi piel e impregna un olor
parecido al del sudor de aquel que baila solo.

Cuando tres canutos y una botella de whisky barato
abrazados a un delirio onírico son suficientes...
suficientes para ver que tu sombra y yo jamás podremos acostarnos,
y mientras, tendré que conformarme contigo,
o al revés;
suficientes para saber que no existe ayer sin los amores que conocí,
ni mañana sin aquellos que me quedan por conocer.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Primer poema: Melancolías

De pronto despierto de mi sueño y me doy cuenta de que ya no estás;
y entonces los besos ya no saben a nada,
el sol no es cálido 
y no se atreve a arrancar el pálido de mi piel,
la lluvia no me empapa
ni me cala hasta los huesos transmitiéndome aquel escalofrío que algunos llaman amor,
y el mar ya no me apacigua pues la luz del faro se ha fundido
y las sombras ya no me cobijan pues no hay nadie a mi lado.
Los filos ya no cortan y los cuchillos no se clavan,
los insultos dilatan mis pupilas deseosas de escuchar alguno más,
las palabras amables resbalan por mi abdomen en forma de sudor,
un sudor gélido porque tus manos ya no lo acarician.
Mi corazón ya no bombea sangre solo escucho el eco
porque grita alguien desesperado por sentir algo,
algo nuevo o quizás algo que ya sintió antaño.